TODO LO QUE DEBES SABER SOBRE LAS INCREÍBLES MITOCONDRIAS

¡La vida es imposible sin energía y lo sabes! Dependemos de un suministro constante para nuestro día a día. Y la responsabilidad de producirla recae en las mitocondrias.

Cada una de nuestras células tiene miles de mitocondrias que utilizan el oxígeno que respiramos para convertir en energía los alimentos que ingerimos. Se podría decir que, si nuestro cuerpo fuera una fábrica, las mitocondrias serían la estación central encargada de la producción energética. Un mal funcionamiento en las mitocondrias acelera el envejecimiento y reduce nuestro rendimiento, además de asociarse a distintas enfermedades.

EL PRIMER CAMBIO CLIMÁTICO Y EL INICIO DE LA VIDA

Hace más de 3,000 millones de años, la atmósfera era completamente diferente. Apenas había oxígeno en la atmósfera y todas las bacterias eran anaeróbicas, lo que significa que producían energía sin necesidad del oxígeno.

Los humanos no somos los únicos seres capaces de alterar los ecosistemas. Mucho antes de nosotros, las cianobacterias (sí, las abuelitas de la espirulina) produjeron el primer gran cambio climático. Liberaban oxígeno como producto final de su fotosíntesis, desencadenando con su acumulación la llamada Gran Oxidación, culpable de la extinción de muchos organismos anaeróbicos para quienes el oxígeno era sumamente tóxico y letal.

Como en todos los cambios importantes, algunos perecieron y otros prosperaron, hasta evolucionar. Las mitocondrias eran originalmente organismos independientes que se transformaron para adaptarse a una nueva atmósfera rica en oxígeno.

¿Sabes cuál fue el primer gran romance de la historia? Se produjo cuando una solitaria célula absorbió una desprevenida mitocondria que se cruzó en su camino. Nadie creía que su historia perduraría, pero la relación resultó mutuamente beneficiosa. La mitocondria producía energía para la célula y la célula se encargaba de ofrecer protección y realizar el resto de las tareas cotidianas.

Con el tiempo, la separación entre célula y mitocondria se difuminó. Liberada de sus otras tareas diarias, la mitocondria traspasó gran parte de su material genético al núcleo de la célula que la hospedaba, quedándose con el ADN esencial para cumplir su papel vital: el de producir energía.

Esta especialización hizo posible la evolución. Permitió la aparición de organismos multicelulares (con más requerimientos energéticos, obviamente) y se inició el largo camino hacia la vida que todos conocemos hoy.

MITOCONDRIAS DISFUNCIONALES: ¡LA PEOR SALUD Y UN PÉSIMO DESEMPEÑO!

Para solucionar una falla, debemos atacar el problema desde la raíz. Solo tendrás una vida saludable si tus células se encuentran sanas. Y tus células solo estarán saludables si sus mitocondrias se encuentran de la misma manera.

Una central energética deteriorada produce mucho menos energía y más contaminación. Lo mismo pasa con nuestras mitocondrias: una mitocondria dañada es poco eficiente (energéticamente hablando) y genera una mayor cantidad de radicales libres, además de no realizar correctamente el resto de sus funciones para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Aunque la producción energética es la principal tarea de las mitocondrias, participan en muchos otros procesos, como la síntesis de hormonas esteroideas (testosterona y estradiol), la regulación del calcio celular, la desintoxicación de amoníaco en el hígado y la apoptosis, por mencionar algunas.

¿Sabes qué es la apoptosis? Es la muerte programada de las células. Las células que no llegan a morir cuando deben hacerlo reciben otro nombre: cáncer. Por ello, la disfunción mitocondrial es una de las huellas de esta terrible enfermedad.

 

Estudios recientes ligan la disfunción mitocondrial a un amplio espectro de enfermedades: fatiga crónica, diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades, migrañas, cáncer, e incluso infertilidad, sin hablar de su importante papel durante el envejecimiento prematuro. Esta desigualdad responde a un problema compartido en un punto esencial: energía y comunicación celular, donde las mitocondrias juegan un papel fundamental.

Una vez comprendido el problema, demos paso a las soluciones.

¿Sabías que la obesidad y la disfunción mitocondrial también van de la mano? No está claro cuál es el factor primario, pero ambas se realimentan. La resistencia a la insulina perjudica la producción de energía, dificultando la oxidación de la grasa corporal y empeorando a su vez la resistencia a la insulina. ¿Te das cuenta? ¡Es un círculo vicioso sumamente peligroso!

 

LA PRIMER LÍNEA DE DEFENSA: ¡NECESITAS MUCHO MÁS MITOCONDRIAS!

Es una regla de oro: tu cuerpo siempre responderá a los estímulos que le ofrezcas. Si le das una vida sedentaria, tus mitocondrias van a volverse sumamente perezosas. Si les das movimiento y actividad física constante (además de una alimentación balanceada), tu cuerpo dará paso a un extraordinario proceso: la biogénesis mitocondrial.

Desarrollar nuevas mitocondrias te permite generar más energía y reemplazar las mitocondrias dañadas, previniendo así las enfermedades asociadas a su mal funcionamiento y ralentizando el envejecimiento.

El ejercicio aeróbico tradicional aumenta las mitocondrias, pero este efecto se magnifica si añadimos trabajo de fuerza. Los intervalos de alta intensidad son también muy efectivos para generar nuevas mitocondrias y optimizar su funcionamiento.

Tenemos una recomendación para poder maximizar la biogénesis mitocondrial: haz algún entrenamiento en ayunas. Con poco glucógeno muscular, tu cuerpo se verá obligado a quemar más grasa, triplicando la biogénesis mitocondrial, a diferencia si entrenas con un nivel de glucógeno muy elevado.

Además del ejercicio, hay otros hábitos revolucionarios que producen esta biogénesis como efecto secundario:

  1.         Practica un ayuno intermitente. No te decimos que dejes de comer y te mates de hambre.  ¿Sabías que esta práctica contribuye directamente al desarrollo de nuevas mitocondrias, pero dispara procesos de mitofagia (autofagia de las mitocondrias) que las rejuvenecen y reducen la enfermedad?
  2.         Exponte al frío. Si, algo así como Elsa de “Frozen” cantando “Libre soy” en medio de una tormenta de nieve. Las mitocondrias producen energía en forma de ATP (Adenosín trifosfato), pero un tejido especial puede saltarse este proceso y producir directamente calor: el tejido adiposo marrón. El frío aumenta esta grasa y el gasto energético adecuado.
  3.         Cuida el ritmo circadiano (tu sueño y horarios de comida). ¡Dile bye a las malpasadas y a no dormir el tiempo necesario! Es hora de que dejes tu teléfono celular o las series a altas horas de la noche y comiences a dormir las horas que tu cuerpo necesita. Las mitocondrias tienen sus propios ritmos circadianos, fundamentales para mantener un metabolismo sano. Esto optimiza, por ejemplo, la segregación de melatonina (estrechamente vinculada con la función mitocondrial). La mayoría de beneficios resultantes de la administración de melatonina en el cuerpo podrían depender de su efecto en la fisiología mitocondrial.

¿QUIERES SUPLEMENTARTE?

Sin duda alguna, la alimentación es la mejor fuente de nutrición. Una buena dieta no significa que te prives de pequeños placeres, ni que tenga por qué ser deficiente en ninguno de estos nutrientes, pero la suplementación puede ser interesante si tienes síntomas de algún trastorno asociado a la disfunción mitocondrial (especialmente si tienes más de un factor de riesgo):

  • Tomas fármacos. ¡Deja de envenenar a tu cuerpo! Lo natural siempre es mejor. Muchos medicamentos comunes perjudican la función mitocondrial, entre ellos estatinas, antiinflamatorios y muchos antibióticos.
  • Tu dieta es mala. ¡Acéptalo! Las prisas y el estilo de vida que llevamos muchas veces no nos permiten de comer de manera adecuada. La dieta TTT (si: tacos, tortas y tamales) es muy deficiente en nutrientes. ¡Nada como una dieta balanceada y saludable!
  • Tienes más de 50 años. Desafortunadamente cuando ya no estamos tan “chavitos”, la producción propia de algunos de los compuestos relevantes para tus mitocondrias (como CoQ10) declina de manera significativa con la edad. Pero eso no significa que no puedas aspirar a un mejor nivel de vida. ¡Nunca es tarde! Aún estás a tiempo de darle a tu cuerpo un empujoncito y nutrirlo de la manera adecuada.

ALGUNAS RECOMENDACIONES SI DECIDES SUPLEMENTAR.

Existen muchas formas de suplementar magnesio y minerales esenciales a tu cuerpo. Uno de ellos es la familia de productos Sanki.

¿Sabías que nos respaldan más de 40 años de investigación científica? Además de ser desarrollados con tecnología japonesa, nuestros productos integran a tu cuerpo los nutrientes adecuados para que tu organismo funcione de manera correcta y así recuperar su Fuerza Inteligente.

Cuida tus mitocondrias ¡Y que su fuerza te acompañe!

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